lunes, 21 de diciembre de 2009

Video de Sogyal Rinpoché en inglés

Para quién sepa inglés y esté interesado en budismo tibetano, Sogyal Rinpoché nos habla en esta enseñanza del amor universal y la compasión y sobre los beneficios que la meditación tiene sobre nuestra mente y nuestra vida.

sábado, 21 de noviembre de 2009

El Pájaro Carpintero y el León (Cuento Jataka)

Hace mucho, mucho tiempo, en la espesura del oscuro bosque, el GRAN SER nació en la forma de un pájaro carpintero. No sólo era especialmente bello, sino también bondadoso fuera de lo común, inteligente y sabio. Un día, le preguntó a su madre: “¿Para qué nací?” Su madre contestó, “La razón por la que nacemos es para que hagamos de este mundo un lugar mejor para todas las criaturas, grandes y pequeñas, y también para enseñarles a ser bondadosas.” Así que el pájaro carpintero se desarrolló como un maestro y doctor para todos los animales, ayudándoles y guiándolos, mostrándoles el camino correcto para vivir, evitándoles cometer maldades cada vez que se le presentaba la oportunidad. Él ya practicaba la enseñanza del Bodhisattva a través de innumerables vidas y entre diferentes clases de seres vivos; su compasión, su sabiduría y habilidad para usar diferentes métodos estaban bien desarrolladas. Por esas razones con mucho cuidado evitaba herir a cualquier criatura, aún a los insectos - que son el alimento normal de los pájaros carpinteros – y sólo comía semillas, frutas y plantas.
Un día, volando sobre la gran espesura del bosque, vio a un león revolcándose en el polvo. Los leones son los animales más fuertes y feroces de todos los animales, pero este león estaba llorando y quejándose lastimeramente y toda su piel estaba sucia y raída.
“¡Oh! Rey de las Bestias” le llamó el pájaro carpintero “¿Qué sucede, estás enfermo o herido, o acaso la flecha de un cazador te ha dañado, te ha mordido alguna víbora, en qué te puedo ayudar?”
“¡Oh! doctor del bosque” sollozó el león. “Estaba yo golosamente comiendo demasiado, muy rápido y un fragmento de hueso se me encajó muy adentro de la garganta. No lo puedo extraer, aunque trate de pasarlo o expulsarlo, así que estoy en tremenda agonía. ¿Crees que puedes ayudarme?
El pájaro carpintero tenía mucha experiencia para resolver problemas, así que rápido pensó cómo auxiliar al pobre león. Recogió del suelo un pedazo de madera, le pidió al león que abriera la boca y colocó el madero entre los dientes superiores y los inferiores para evitar que el león cerrara las fauces. Entonces, entró valientemente a la boca del león y llegando a lo profundo de la garganta, con cuidado extrajo con su largo y fino pico el pedazo de hueso. Antes de salir, pateó hacia afuera el pedazo de hueso y así resolvió el problema del león. Aunque esto hubiera sido difícil para la mayoría de los doctores, el entrenamiento de Bodhisattva le permitía llevar al cabo tareas imposibles de realizar.
El león agradeció efusivamente al pájaro carpintero por haberle salvado la vida. Cualquier ente civilizado hubiera quedado eternamente agradecido por esa cura, lo que conlleva una gran obligación del recipiente para con su benefactor. El pájaro carpintero estaba tan feliz como el mismo león, por la gran satisfacción que sentía al ayudar a otros a resolver sus problemas. Como Bodhisattva, viendo la felicidad de otras personas lo hacía más feliz que su propia buena fortuna y ni se fijaba si le agradecían o lo alababan.
Mucho tiempo después, se presentó una hambruna en esa región. No había llovido desde hacía varias semanas, las plantas que servían de comida lentamente se secaron y desaparecieron. Los hambrientos animales no encontraban alimento. Mientras el pájaro carpintero volaba hambriento buscando que comer, se topó con el mismo león que estaba devorando un antílope. El pájaro carpintero nunca comía carne de animales, por que no quería lastimarlos Pero ahora estaba tan hambriento que pensó que sería admisible comer un poco de carroña del antílope, ya que el león no lo había matado para que el pájaro carpintero se alimentara.
Los preceptos budistas mencionan tres casos en que es permisible comer carne, y este era uno de éstos. De cualquier forma, comer carne trae consigo complicadas cuestiones morales, por lo que es mejor definitivamente no comerla. Cuando ves a alguien con un comportamiento que va en contra de tus principios, lo debes interpretar como advertencia de que esa persona no comparte tus principios, por lo que debes mantenerte alejado de ella. Pero de cualquier forma, el pájaro carpintero no quería verse suplicando por algo, por lo que sólo se trepó a la rama de un árbol cercano, deseando que el león le ofreciera un bocado.
El león, por naturaleza, era egoísta y ambicioso, debido a que la semilla de la compasión del Bodhi no se había sembrado en su cerebro, y que nunca se le había enseñado como comportarse en una manera civilizada. Aún que él recordaba al pájaro carpintero, no quiso compartir su comida con nadie, ¡aun con aquel que le había salvado la vida!
Es verdaderamente triste que cuando las personas están necesitadas, se pueden comportar humildemente, pero tan pronto se sienten liberados y seguros nuevamente, frecuentemente se vuelven arrogantes.
Aun más, durante las crisis, como en los tiempos de hambruna, la gente debería ser especialmente generosa y compasiva hacia los demás. Pero el león solamente gruñó con desprecio: “Vete pequeño pájaro, ¡esta comida es sólo mía! Deberías agradecerme que no me comí tu cabeza cuando estabas dentro de mi boca. Yo soy el león todo poderoso. Yo puedo hacer lo que me plazca, ¡todos me tienen miedo, así que vete, antes de que pierda la paciencia y te devore!
El pájaro carpintero estaba sorprendido por la actitud del león, tan grosero y desagradecido, e inmediatamente se alejó volando, desplegando toda la belleza y poderío de los pájaros. Debido a que el reino animal está gobernado por la estupidez y falta de compasión, la ingratitud del león no le causó mayor sorpresa, pero sí le produjo gran frustración, por que el pájaro carpintero siempre esperaba lo mejor del prójimo y siempre sentía mucho que la gente causara mal karma.
Mientras volaba por las nubes más altas, el pájaro carpintero se encontró con un alborotador espíritu del cielo, quien estuvo observando y escuchando desde las alturas su conversación con el león. Tal vez el espíritu estaba enojado por que el pájaro carpintero fue maltratado o tal vez solamente quiso probar su integridad, pero de cualquier manera se dirigió a él como si fuera cualquier persona.
“¡Oh! Magnífico pájaro carpintero, recuerdo que ayudaste a ese león tiempo atrás cuando se encontraba en un terrible sufrimiento. ¿Por qué ahora le permites que te insulte de esa manera? ¿Por qué no te enojas y le respondes por su grosería? ¿Por qué no le quitas parte de su comida o lo atacas a picotazos? ¿O por lo menos por qué no le devuelves los insultos?”
“¡Por favor no digas eso!” le contestó el pájaro carpintero. “Me niego a enojarme ante cualquier circunstancia. Yo sólo ayudé al león por que me hace feliz ayudar a otras criaturas, no por que espere alguna recompensa. Así que si él es grosero conmigo, lo único que hago es alejarme volando y buscar ayudar a alguien más. Tengo decidido que nunca me enojaré, de tal manera que pueda yo pensar con claridad y pueda resolver problemas y no crearlos.”
El pájaro carpintero estaba mostrando que una vez que descubres que una persona no comparte tus valores, o tiene una actitud equivocada, te le debes apartar mesuradamente para evitar su influencia negativa. Actuando de otra manera puedes poner en peligro tus principios. Las personas deben cuidar sus mentes de aceptar pensamientos malignos para evitar cometer actos malignos.
“Y” continuó, “una chispa de maldad puede incendiar el bosque acabando con sus méritos y virtudes. Cuando las personas pierden su buen juicio, empiezan a cometer estupideces y a pelear, mostrando la parte oscura de su naturaleza. Y no paran, a menos que alguno de ellos llame a la calma. Pero estar enojados y ser vengativos nunca resuelve nada.”
Como puedes ver, después de muchas vidas de entrenamiento y habiendo desarrollado la sabiduría y la comprensión compasiva de los seres vivos, hay gente virtuosa como este pájaro carpintero acostumbradas a practicar la bondad, que su reacción natural es portarse adecuadamente a pesar de que sean seriamente provocados.
El espíritu del cielo no estaba realmente convencido de que el pájaro carpintero estaba en el camino correcto. “Pero, doctor del bosque” preguntó, “¿por qué ser amable hacia una persona que no es amable con uno, desde luego no lo merece.”
“Por que no quiero convertirme en una persona malvada y perversa” contestó el pájaro carpintero. Por eso no me enojo cuando alguien me trata mal. Aquellos que tienen principios deben mantener su integridad todo el tiempo. El león nunca tuvo la oportunidad de aprender a portarse bien, a ser una buena persona, y probablemente piense que se justifica portarse de la manera en que se comporta, basándose en percepciones equivocadas que tiene de sí y del mundo. Si yo me empiezo a portar como un malvado sólo por que se portó mal conmigo, entonces me convertiré en un malvado también. ¿Te das cuenta qué fácil es para una buena persona convertirse en un malvado? Simplemente cometiendo maldades te convertirás en un malvado, por que todos somos responsables de nuestros propios actos.
Ese león sufrirá por sus propios actos, sin que necesariamente aprenda algo por eso. Pero bajo condiciones favorables, eventualmente empezará a desarrollar una mejor comprensión del mundo y aprenderá a convivir de una mejor manera. Entonces se convertirá en una buena persona. Por eso no quiero que sea mi enemigo.”
El pájaro carpintero sabía que la gente malvada puede volverse buena, y que los buenos pueden convertirse en malvados. Todo depende en la forma en que manejen las diversas situaciones. Aun más, justamente como la gente verdaderamente virtuosa y valiosa es respetada en todas partes, así las acciones perversas arruinan la reputación del individuo más respetado, y eso le dificulta alcanzar sus objetivos.
“¿Pero por qué pretendes que el perverso león sea bueno y llegue a ser feliz? Insistió el vengativo espíritu del cielo. El espíritu se aferró a la antigua creencia de que las características de las personas son imposibles de modificar, y que nunca podrían comprender la tontería que es albergar resentimientos y cólera.
El pájaro carpintero respondió: “No quiero nada del león, lo que quiero es lo mejor para él. La gente malvada y envidiosa es gente triste y miserable por que nunca están satisfechos y por que nadie los aprecia. La gente estúpida sufre a consecuencia de sus propios actos y nadie puede escapar de su propio karma. Pero si aprendieran como ser buenos, podrían purificar su karma y serían recompensados por su esfuerzo. Encontrarían satisfacciones y amigos. Pero, no se le puede enseñar a la gente el Dharma hasta que las condiciones son propicias y por sí desarrollen una actitud receptiva.”
Insistió el espíritu del cielo: “¿Cómo sabes que la gente buena encuentra la felicidad y que por ser felices harán que el mundo sea mejor?
“Por que todas las criaturas quieren ser felices y temen sufrir. Quieren ser tratadas con bondad. Si aceptaras que todas son tus amigas y te preocuparas por ellas como por tu propia familia, entonces les ayudarías a mejorar sus vidas, así eventualmente los frutos de tus buenas acciones se extenderían hacia todas las criaturas vivientes.
Contestó el pájaro carpintero: “Aún desde un punto de vista egoísta, puedes comprender que si todos los seres vivos comenzaran a ser honestos y compasivos y dejaran de lastimar al prójimo, entonces reinaría la paz y la armonía en el mundo y todos serían felices. Aún más, estarían creando buen karma para sus vidas futuras. Al final de cuentas, todos dependemos de los demás para sobrevivir. Nadie es completamente autosuficiente.”

“Bien”, dijo el espíritu del cielo, “Tu eres verdaderamente fuerte, sabio, compasivo y amigable hacia todas las criaturas, por que mantienes tu integridad independientemente a como te trata la gente, y no te vuelves malvado cuando te tratan mal. Ni te dejas influir por la gente malvada. Eso demuestra que eres fuerte y poderoso en tus adentros. Puedo ver que eres más sabio y sagaz que muchos Brahmins que han conducido la vida espiritual por décadas. ¡Desearía que hubiera más personas como tú en este mundo! Entonces los débiles que tratan de mejorar tendrían más buenos ejemplos a seguir. De ahora en adelante trataré con toda mi fuerza de ser como tú.”
Le obsequió al pájaro carpintero algunas frutas que había recolectado esa tarde para que calmara su hambre. Entonces se alejó volando para contar a sus amigos acerca de la sabiduría y la fuerza que brinda el no enojarse.
Entonces el pájaro carpintero regresó a su trabajo de ayudar a todas las criaturas y a enseñarles a ser bondadosas compasivos y sabios.
Así que la moraleja de esta narración es que los verdaderos practicantes del budismo harán el esfuerzo necesario para eliminar toda animosidad de sus corazones, y respetarán y cuidarán a todos los seres vivos como si fueran el propio Buda. ¡Después de todo, los seres vivientes son Buda y Buda es todo ser viviente!

traducido de The Lion and the Woodpecker por Raúl Ortega

viernes, 20 de noviembre de 2009

La belleza de la Sabiduría


Khandro Tsering Chödrön (1925), una gran dakini

viernes, 16 de octubre de 2009

Este fin de semana he podido asistir una vez más a las enseñanzas de Sogyal Rinpoché.
Esta vez el lugar ha sido Barcelona, en un céntrico hotel de la ciudad condal, donde alrededor de 400 personas se han unido para recibir enseñanzas de Budismo Tibetano de uno de los lamas que más está trabajnado por la transmisión de estas enseñanzas en occidente.

Como siempre Rinpoché estuvo maravilloso, y eso se notó la audiencia, que escuchaba con gran atención cada palabra.

Poder contar con Maestros como Rinpoché es una gran suerte, ya que transmite enseñanzas ancestrales, llenas de sabiduría, cuyo principal objetivo es alcanzar la felicidad. Y lo hace de un modo tan sencillo, tan natural que incluso quien nunca haya escuchada nada acerca de budismo puede comprender la esencia de esta filosofía.

Gracias Rinpoché.

viernes, 2 de octubre de 2009

Sogyal Rinpoché visita Barcelona


Sogyal Rinpoché, Maestro tibetano autor de "El Libro Tibetano de la Vida y la Muerte", visitará Barcelona el fin de semana del 10 y 11 de Octubre para impartir un curso abierto sobre meditación y budismo.

Todo el que quiera puede asistir a conocer y escuchar a este gran lama, y a iniciarse o perfeccionar sus conocimientos de meditación e iniciar la búsqueda de la Felicidad.

Más información e inscripciones se pueden encontrar en la página de Rigpa España

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Milarepa


Desde que estuve en Lerab Ling y descubrí la figura de Milarepa, se ha convertido en otro Gran Maestro para mi.

Milarepa fue un yogui, santo y poeta tibetano que vivió en Tibet del año 1052 al 1135. Después de pasar por una dura infancia, su madre le pidió que parendiera magia negra para vengarse de sus tíos, que les habían arruinado a la muerte de su padre.

Milarepa lo hizo, y con su magia produjo una masacre en la que murieron muchas personas.

Arrepentido se marchó a las montañas, donde encontró a Marpa, un maestro budista que le introdujo en el Camino del Dharma.

Milarepa compuso cientos de cantos de una gran belleza, que están recogidos en su obra "Cantos de Milarepa. Vida y enseñanza del Santo-poeta del Tibet". Este libro está descatalogado en España, pero se puede descargar en PDF en internet.

Merece la pena conocer a este maestro tibetano.

martes, 8 de septiembre de 2009

CUANDO SE DESCANSA EN LA NATURALEZA DE LA MENTE, EL TIEMPO NO EXISTE

miércoles, 26 de agosto de 2009

Lerab Ling

Lerab Ling es un lugar maravilloso situado en la provincia de Montpellier, al Sur de Francia. Al llegar a este mágico lugar no esperas encontrar allí, en medio de un valle rodeado de pinos y vegetación, este increíble templo Budista.


Lerab Ling es el lugar de referencia de Rigpa, una asociación de carácter internacional que, siguiendo las enseñanzas del Maestro Sogyal Rinpoché (autor del Libro Tibetano de la Vida y la Muerte, ed. Urano), reúne a estudiantes de todo el mundo que quieren profundizar en sus conocimientos de Budismo Tibetano, y mejorar su estado mental trabajando por ellos mismos y por el bien de la humanidad.


Cada año se celebran múltiples retiros de meditación en Lerab Ling, algunos abiertos al público y otros solo para los estudiantes de Rigpa.

Además, los domingos por la mañana hay visitas abiertas al público para que puedan disfrutar de este mágico lugar.


A veces la vida brinda oportunidades maravillosas de aprendizaje, y Rigpa es uno de esos lugares en los que aprender es practicar, actuar e integrar las enseñanzas al día a día.


Desde aqui todos mis respetos y admiración a Rigpa, Lerab Ling y sobre todo a Sogyal Rinpoché por su labor y su entrega.


sábado, 1 de agosto de 2009

Paradojas a la orilla del Mar




“¡Ya no puedo más! Esto es insoportable”, pensaba mientras se dirigía con paso calmado hacia la playa. “No entiendo por que las personas nos empeñamos en ser tan ofensivas con los demás, por que en cuanto abres tu corazón, en cuando ven el hueco del alma libre atacan, consciente o inconscientemente, hiriendo los sentimientos. Tenemos todos tanto ego…”


Llegó a la orilla del mar, se detuvo y silenciosamente escuchó el sonido del agua meciéndose pausadamente. “Nos sentimos atacados en cuanto alguien trata de ayudarnos a ver nuestro errores (o nuestras virtudes). Nuestro ego nos impide aceptar que nos equivocamos y en lugar de tratar de aprender, nuestro batallón de defensa sale a la carga: ¡yo soy así! ¡Es mi personalidad y no la puedo cambiar! ¡Me gusta como soy!¡¡¡Que ciegos estamos!!!".


Allí, de pie frente al Mar, respiró profundo y miró al horizonte, donde la luna se fundía con las estrellas.


“Con lo maravillosos que es esto, lo mágico que es sentirse bien ante espectáculos tan sorprendentes de la vida, y en lugar de disfrutar de unos días de descanso nos dedicamos a discutir y discutir por tonterías… ¡que más da quien haya puesto la mesa o quien haya hecho la comida! Hoy la hago yo y mañana otro. ¡Ojala todos los problemas del mundo fueran como ese!... ¡Vaya, una estrella fugaz! Realmente tengo que empezar a navegar…"


Comenzó a andar por la orilla en dirección a unas rocas. No había nadie en la playa, y la distancia al camping era la suficiente como para no ver ninguna luz. Tan solo las estrellas y la Luna Creciente iluminaban su camino.


“Me gusta esta sensación. Me gustaría tanto vivir una temporada cerca del mar, poder estar aquí cada vez que lo necesite. No se que me da el mar pero me hace sentirme libre, me hace sentir algo especial. Es tan serena y tan brava, tan profunda y tan superficial a la vez… A veces me pregunto cual será la fuerza que la mueve, que la hace mantenerse en constante cambio, en constante movimiento… ¿Cómo no vamos a cambiar las personas? Y aun así nos empeñamos en no hacerlo porque pensamos que de ese modo perdemos aquello que nos distingue del resto. Pero creo que el cambio es inevitable ¿Acaso no cambia la luna cada día, y no cambian las plantas, y la tierra, no cambia nuestro físico con el paso de los años? ¿Por qué no cambiar entonces aquello de nosotros que no nos satisface en lugar de resguardarnos en el ego? Claro, suena muy fácil pero luego hay que aplicar la teoría a la práctica…”


Sin apenas darse cuenta había llegado hasta el lugar donde terminaba la playa y comenzaban las rocas. Esa playa no era muy grande. Estaba rodeada de altas montañas semi desérticas cubiertas de plantas que sobreviven a altos grados de temperatura. Había algunas palmeras salvajes cerca de la orilla que, con el sonido del viento, emitían un suave canto junto con el mecerse del mar. El entorno llevaba, sin poder ni querer evitarlo, a la reflexión, a la meditación sobre algunos aspectos de nuestras vidas que tarde o temprano nos hacen dudar de aquello que nos han enseñado como “real”, de esos principios que nos han sido inculcados como paradigmas ante los que no cabe la duda. Y sin embargo dudamos…


“¿Debo seguir andando? Las zapatillas que llevo no son muy buenas, pero parece que la luna ilumina lo suficiente. Se, se ve bien, pero… se van a preocupar por mi. He salido tan disparado que igual piensan que… No pasa nada, ya me conocen. Estas rocas son realmente preciosas, me apetece seguir. Además, no son tan peligrosas y ya conozco el camino. Necesito sentarme un momento frente al acantilado y reflexionar”.


Comenzó a caminar por las rocas que entraban en la Mar y a la vez sobresalían de ella, y que bajo la luz de la noche formaban un mosaico negro y plateado de formas rocambolescas. Agarrado a la base del pequeño acantilado avanzaba despacio, tratando de buscar un buen lugar donde pisar.


“Parece que no resbala demasiado. Me gusta la noche, si. Me gusta caminar de noche, y el mar a estas horas, así de calmado, parece una piscina gigante. ¿Cuánto tiempo llevaré fuera? He perdido la noción del tiempo; ojala siempre pudiéramos y supiéramos perder la noción del tiempo y vivir el momento. Pero tenemos tantas preocupaciones, tantas comeduras de cabeza… nos preocupamos por el futuro y se nos olvida vivir el presente, y así día a día llegas al final de tu vida y te das cuenta de que no te has enterado de nada, y entonces ¡a volver a repetir! Una y otra vez hasta que aprendamos a Ser a cada instante, a sentir cada momento, a amar, a vencer miedos y temores que se nos inculcan desde pequeños: “no toques eso, no vayas allí, cuidado con aquello…” y así toda una vida. Barreras y más barreras. Creemos que somos libres pero realmente estamos encarcelados. Vaya, parece que esto empieza a ponerse complicadillo”.


Se detuvo un momento agarrándose fuertemente a las rocas, pues la alfombra de piedras que se adentraban en la mar comenzaban a desaparecer, lo que le obligaba a empezar a ascender colina arriba.


“Claro, es la parte del acantilado ¿Ya? He llegado rápido. Bueno, pues arriba, aunque tengo que tener cuidado porque la caída desde aquí al agua es peligrosa. Pero hay que vencer el miedo”.


Comenzó a trepar. De pronto, desde lo alto del acantilado llegó un sonido, como si alguien estuviera golpeando una piedra con un palito una y otra vez.


“¿Habrá alguien ahí arriba? Pero ¿quién puede haber aquí a estas horas? A lo mejor el sonido viene del mar. No, no, viene de lo alto de la colina. Es extraño, no suele haber mucha gente en esta playa y menos de madrugada ¿Será algún animal? Pero aquí no hay animales, es desierto. Y ya no puedo volver; no, volver es peligroso. Creo que tengo que seguir adelante. Ha parado, ahora no oigo nada. ¿Me habrán oído? Bueno, tranquilo, si te pones nervioso es peor y no hay más alternativa que subir.

Otra vez ¿Qué estará haciendo? Quizá si voy más despacio se vaya, o a lo mejor puedo esquivarle. ¿Sabrá él que estoy aquí? ¡Si es que me meto en cada una! Quién me manda estar aquí colgado a las tantas de la madrugada. Y nadie sabe que estoy aquí. Si me caigo al mar… bueno, ya me encontrarán, o sino me comerá algún pez. Ya me queda poco para llegar. Otra vez ha parado ¿a que estará jugando? Quizá me ha oído y se cree que soy algún animal y me quiere asustar ¿Debería decir algo? No, mejor voy a llegar arriba y a ver que pasa. Vaya, yo solamente buscaba un poco de tranquilidad. Si me hubiera quedado en la playa… Bueno, no pasa nada.”


Continuó colina arriba, y aunque sentía algo de temor, su deseo de aventura y de llegar a lo alto fueron mayores que el poder del miedo y la duda.


“No se por que me asusto ¿A quien puedo temer? Estoy aquí solo, en medio de este lugar, y además cualquier encuentro en este momento sería mágico”


Pero al llegar a lo alto no encontró a nadie. El sonido había cesado. Miró a su alrededor y continuó su camino, ahora más relajado y disfrutando tranquilamente del reflejo de la luna sobre aquella inmensidad uniforme de la mar.


Su inconsciente le había jugado una vez más una mala pasada, haciéndole no solo escuchar extraños sonidos sino permitiendo que el miedo se apoderase de él. Pero ahora se sentía relajado, y con cada bocanada de aire exhalaba algo más que le había bloqueado en su interior: ideas, sentimientos, reflexiones que le impedían fluir en determinados momentos y ante determinadas situaciones.


Aquel sonido había sido liberador, y se sentía con fuerzas para volver y tratar de resolver, sin dañar a nadie, aquel ahora insignificante conflicto que le había llevado hasta allí.


Pero antes de volver se sentó unos minutos al borde del pequeño acantilado y observó el mar. Y lo vio tan bello como nunca antes. Pensó de nuevo en el poder que estaba poniendo en funcionamiento aquel mundo oculto, nuestro mundo oculto. “Energía, todo es pura energía. Algo extraordinario ocurre a nuestro alrededor sin que seamos conscientes de ello, sin que apenas nos demos cuenta. Tenemos tantas preocupaciones que nos olvidamos de mirar y sentir la belleza y la energía a nuestro alrededor, dejando que por encima de esa energía aflore el ego, la envidia, el odio, esos sentimientos tan primitivos e irracionales que se diría que todos estos millones de años que el hombre lleva sobre la tierra han servido para poco… Si tan solo pudiéramos, supiéramos sentir plenamente la belleza del mar…”


Y con ese pensamiento se levantó para ponerse de camino al camping.


Al poco de reemprender la marcha comenzó de nuevo a escuchar el sonido, pero esta vez era más cercano.

Tranquilamente se fue buscándolo, atraído por él. A lo lejos vislumbró una silueta de una persona sentada que hacía sonar un palito sobre una piedra, emitiendo lo que le pareció un sonido envolvente en el silencio de la noche.


Poco a poco se fue acercando, y cuando estuvo a la distancia adecuada para ser escuchado tan solo dijo: “Buenas noches”.


La persona, algo asustada, soltó el palito dejándolo caer. Él se agachó, lo recogió y se lo entregó.


Y tranquilamente se sentó a su lado…



Cristina Iglesias



lunes, 27 de julio de 2009

Las dos sortijas

Este es un cuento que leí hace tiempo, y que en los últimos meses se ha convertido en una especie de Mantra para mi, pues describe muy bien la impermanencia y el desapego que hay que trabajar para lograr alcanzar la felicidad absoluta.

Dice así:

Un acaudalado hombre de negocios murió dejando una considerable fortuna. Sus dos hijos se la repartieron por igual. Pero después de un tiempo se halló un paquetito que había sido celosamente guardado por el difunto. Cuando abrieron el paquete, encontraron dos sortijas. Una de ellas lucía un valioso diamante, en tanto que la otra era simplemente de plata. El hermano mayor, nada más ver las dos sortijas, comenzó a argumentar que probablemente pertenecían a los antepasados y por eso el padre las guardaba celosamente, no formando parte de la herencia paterna. "Como soy el primogénito - declaró lleno de avaricia -, me corresponde en justicia la sortija del diamante". "De acuerdo - repuso satisfecho el hermano menor -. Sé tú muy feliz con la sortija del diamante, que yo lo seré con la de plata".

Cada hermano se colocó en el dedo la sortija correspondiente y cada uno de ellos emprendió su vida por separado. Unos días después, el hermano menor, preguntándose por qué su padre guardaría tan celosamente una sortija sin valor, comenzó a examinarla con detenimiento y, al hacerlo, en su interior, pudo leer:

"ESTO TAMBIÉN CAMBIARÁ"

"Bueno - se dijo -, éste debía ser el mantra de mi padre". Transcurrió el tiempo. La via siguió su curso para ambos hermanos, con sus inevitables fluctuaciones. Vinieron los buenos y los malos momentos; las favorables y desfavorables situaciones; el placer y el dolor. Los cambios de la vida comenzaron a desequilibrar al hermano mayor, que se exaltaba facilmente cuando las circunstancias eran favorables y se deprimía cuando eran adversas. Todo le causaba desequilibrio, de tal modo que tuvo que comenzar a tomar somníferos, a visitar psiquiátras, a someterse a las más variadas terapias y a soportar la insania de la mente. ¿De qué le servía la valiosa sortija de diamantes?

El tiempo huye. Discurría como un río serpenteante la vida del hermano pequeño. También había momentos buenos y malos; alegrías y sufrimiento; situaciones plácidas y dolorosas. Pero siempre tenía presente la inscripción de la sortija de plata: "ESTO TAMBIÉN CAMBIARÁ". De ese modo mantenía una actitud ecuánime y equilibrada, el ánimo placentero y no tenía aversión a lo desagradable. "ESTO TAMBIÉN CAMBIARÁ". No se exaltaba y no se deprimía. Estaba siempre en paz consigo mismo, pacífico y contento, fluyendo en armonía.

Creo que este cuento es muy ilustrativo. A mi me ayuda bastante en mi día a día.

"ESTO TAMBIÉN CAMBIARÁ"

ANTOLOGÍA DE CUENTOS DE LA INDIA Y EL TIBET
Recopilación de Ramiro Calle